Zaguán Literario 07 Zaguán Literario 07 | Seite 44

CUENTO

Abracé mis rodillas como un niño pequeño y berrinchudo mientras esperaba que los tacones se alejaran de mí. No oí nada. Pensé en qué tan ridícula podría parecer esta escena: un hombre en sus treinta hecho bolita en la acera mientras una mujer hermosa yace parada detrás de él; y lo único que le queda a este individuo es llorar. Sí, empecé a llorar como un bebé al que lo despojaron de su biberón. Pero mi sollozar se detuvo tras escuchar la voz de la chica decir:“ Sí, lo es”, mientras se sentaba junto a mí. Lo único que alcancé a pensar fue:“¿ Qué está pasando aquí?”. Yo no tendría que estar ahí con una desconocida, sino en casa con otra mujer a mi lado y sentado al final de la mesa del comedor. Tendría que estar cortando el pollo que Diana compró en la tienda de abajo del departamento y sirviendo el vino que yo habría pasado a comprar de camino a casa como sorpresa; a Diana le encanta el vino. Pero no, estaba en esta banqueta condenando a todo el que ha amado en su vida, condenado a la mujer que tiene el nombre de Diana, pero que decidió que hoy, definitivamente, no cenaría con ella.
La dueña del vestido azul se quitó los tacones y se sentó con las piernas cruzadas, me miró y me dijo:“ Es porque se ha olvidado del amor”. Con una cara de confusión, la cual mostraba verdadero fastidio le dije:“¿ Qué? ¿ Me hablas a mí?”. La risa dulce volvió a salir de su boca, pero al no ver reacción de mi parte se cubrió los labios por vergüenza y dijo en voz baja:“ Hablaba del cartel y estoy de acuerdo de que es una verdadera tontería”, al decir esto bajó su mirada a sus pies descalzos.“¿ Quién es esta chica? ¿ Por qué está aquí a estas horas?”, pensé, pero justo cuando estas preguntas iban a salir de mi boca ella se puso de pie, dio un salto, luego otro, cinco más y comenzó a bailar. En ese momento realmente no supe qué le ocurría. Miré a mi alrededor y las luces nos alumbraban como en una película de Hollywood, solo faltaba la música y un actor atractivo que bailara con la silueta perfecta que se encontraba frente a mí. Ésta era la película de alguien más y no la mía. En la calle 34, en Greenville, está la locación de mi filme, en un pequeño departamento lleno de muebles viejos y
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