XXX - revista de literatura explícita Noviembre de 2014 - Año 1 - Número 1 | Page 6

4 Transformaciones Magdalena Gutiérrez Frente al espejo, la imagen es nítida. Estático espera que ellos hagan. Unos pájaros de pico largo revolotean y punzan la superficie de piel. Van torneando el cuello y los hombros. Otros, de pico ganchudo, arrancan y comen la grasa blanca que sobra, prendidos a los rollos del abdomen. No hacen ruido. No hay tiempo para parlotear. Los brazos, extendidos, son trabajados por minuciosos ratones que roen. En el espejo no se ve quién se ocupa de la espalda y el trasero, pero se adivinan gestos metódicos. De las piernas se ocupan insectos con bocas dentadas que muerden a conciencia sin que queden marcas. En las caderas, pequeños chupadores aumentan de tamaño a medida que ellas se achican. Silencio. No hay dolor. No hay sangre. Él disfruta, sereno, mientras los animales confeccionan su nuevo traje. Cuando acaban, limpian lo poco que ha quedado sobre el suelo y se retiran. Ahora está solo y se observa. Reconoce su nuevo cuerpo. Mueve la cabeza y los hombros. Los brazos son fuertes aunque no musculosos. Le gustan. Ensaya unos pasos hacia los lados y siente que las piernas le responden. Lo trasladan seguras, con suavidad. Por primera vez en años ve su sexo. Descubre que su nuevo cuerpo favorece esa zona olvidada. Confiado, se toca. Sus manos llegan a lugares antes inalcanzables. Puede inclinarse, palpar los dedos de los pies. Fascinado con su reflejo, olvidó mirar el reloj. Ya es mediodía, debe cumplir con la dieta prevista. No hay tiempo para la colación de media mañana. Irá directamente al almuerzo. Prefiere no vestirse todavía. Ha esperado estrenar la ropa durante tanto tiempo, que teme que la comida la manche. Se sienta a la mesa como le enseñaron, coloca una servilleta sobre sus partes íntimas y abre la caja con la ración para esa hora. Corta cada bocado en trozos de no más de cuatro centímetros. Mastica lento, intenta saborear lo que conoce de memoria, controlando la ansiedad por salir a vivir el nuevo envase que contiene su alma. Este momento debería durar entre treinta y cuarenta y cinco minutos. Pero los minutos se le hacen años antes de tragar. Al terminar, hace una pausa previa a la infusión señalada en la hoja del menú. Esperar hasta que se entibie y beberla a sorbos. La técnica está aprendida; sabe que falta poco para el tiempo libre, en el que no se piensa en horarios ni en rutinas alimenticias. Otra vez de pie frente al espejo verifica que todo esté en su lugar. Dispuesto a vestirse para salir, escucha el llamado de los animales. Discretos, casi silenciosos, reclaman su atención. No debe olvidar llenar los bebederos, colocar granos y verdura fresca. Experimenta flexibilidad en sus movimientos. Se siente a gusto y hasta dedica un instante para agradecerle a sus mascotas la faena t