Virgilio Piñera al borde de la ficción (La Habana: Editorial UH / Letras Cubanas, 2015) | Seite 56
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1896. Digamos de paso que esos burgueses estaban más que hechos a
las convencionales, insípidas producciones de Alejandro Dumas hijo,
de Augier, de Labiche, de Victorien Sardou. Todos ellos escribían un
teatro basado en un compromiso con la sociedad de su tiempo. Por eso,
cuando empezaron los primeros parlamentos entre el Padre Ubú y su
señora, la Madre Ubú, el escándalo estalló en la sala. Antes de descorrer
la cortina Jarry había salido a escena a leer la presentación de Ubú, cosa
que hizo dirigiéndose a un saco de carbón, que estaba situado frente
a él. El público se limitó a escucharlo fríamente. Este preludio de Ubú
-insolente, desafiador, grotesco- puso en guardia al público contra
la obra. Y no bien el actor Gémier pronunció la primera palabra de la
pieza, esto es, mierdra, la audiencia protestó vigorosamente. Como el
escándalo subía de punto y color, Lugné-Pôe, el director, ordenaba desde
bastidores iluminar la sala, lo cual calmaba de momento los ánimos.
Gémier se vio obligado a bailar una giga que no estaba indicada en el
texto, con el propósito de volver la atención de los espectadores hacia
el escenario. Fue un escándalo mayúsculo. Al día siguiente la opinión
parisiense estaba dividida. Si vamos a decir verdad, contra este joven airado se elevaron más protestas airadas que alabanzas. Después de todo,
era lo justo, y Jarry, que así lo comprendió, se mostraba encantado con
tales explosiones. Por ejemplo, el crítico Sarcey escribía en Le Temps:
«¿Hablaré de Ubú rey que nos ha ofrecido L'Œuvre con una increíble
y estruendosa propaganda? Es una sucia bufonada que solo merece el
silencio del desprecio... se ha colmado la medida».9 Por su parte, Catulle
Mendès en Le Journal decía: «Ubú existe de hoy en adelante, inolvidable. .. Jarry... habrá creado una máscara infame».10 Por supuesto, Le Figaro no se quedó atrás, y su crítico, Henri Fouquier, tronó: «En cuanto a la
acción, es una grosera parodia de Macbeth... Una imitación superficial
de la lengua de Rabelais, de la que se retienen sobre todo las suciedades y
se las repite con amor».11 En cuanto a La Republique Française, declaró
por boca de su crítico Robert Vallier: «La fantasía en Ubú rey es pobre y
laboriosa en su truculencia indecente. Todo o casi todo me ha parecido
más pueril y presuntuoso que sucio y chocante».12
9
10
11
12
Francisque Sarcey: «Chronique Théatrale. A l'Œuvre: Ubu roi», Le Temps,
n.° 129 80, Paris, 14 décembre, 1896, [p. 2].
Catulle Mendès, «Théâtre de L'Œuvre- Ubu roi, comédie guignolesque de M.
Alfred Jarry», Le Journal, n.° 1536, Paris, 11 décembre, 1896, p. 2.
Henry Fouquier: «Les Théâtres. Théâtre de L'Œuvre: Ubu Roi, comédie dramatique en cinq actes, de M. A. Jarry», Le Figaro, n.° 346, Paris, 11 décembre,
1896, p. 4.
Cfr. Robert Vallier: «[Ubu roi]», La Republique Française, Paris, 12 décembre,
1896.