Virgilio Piñera al borde de la ficción (La Habana: Editorial UH / Letras Cubanas, 2015) | Page 55

186 « VIRGILIO PIÑERA AL BORDE DE LA FICCIÓN. COMPILACIÓN DE TEXTOS »
Sin duda hay un poco de todo esto en Ubú. La noche del estreno diferentes capas de la sociedad francesa se vieron retratadas en Ubú: el burgués, la casta militar, los políticos, los reyes... De ahí el escándalo con que fuera acogida su puesta en escena. Pero no hay que exagerar en cuanto al mensaje úbico. Jarry puso las cosas en claro al referirse al espíritu de su genial creación en un pasaje de sus « Paralipómenos de Ubú ». Dice así: « Ubú no es exactamente el señor Thiers, ni el burgués, ni el fariseo; sería más bien el anarquista perfecto: que es un hombre, de donde: cobardía, falsedad, etcétera. De las tres almas que distingue Platón: de la cabeza, del corazón y de la panza, solo esta última no es en él embrionaria ». 7
Para mayor ahondamiento, en el programa confeccionado para la noche del estreno, Jarry declaraba:
Como el señor Ubú es un ser innoble, se asemeja( por lo bajo) a todos nosotros. Asesina al rey de Polonia( derroca al tirano-el asesinato parece justo a la gente, pues es un aparente acto de justicia-); luego, ya rey, mata a los nobles, luego a los funcionarios, luego a los campesinos. Y así, habiendo matado a todo el mundo, ha expurgado con seguridad a algunos culpables y se manifiesta como hombre moral y normal. Por fin, semejante a un anarquista, ejecuta él mismo sus decretos, destroza a la gente porque así le place y ruega a los soldados rusos que no tiren contra él, porque eso no le gusta. Es un poco niño terrible y nada lo contraría tanto como no herir al Zar, que es lo que todos respetamos. El Zar hace justicia: le quita el trono del que ha abusado, restablece a Bugrelao(¿ valía la pena?) y expulsa a Ubú de Polonia. 8
La gente se solivianta ante declaraciones tan corrosivas y, por una reacción muy natural, corren a refugiarse en sus bellos sentimientos, que no tienen. Es muy comprensible que cuando vemos al lobo feroz dispuesto a devorar a la infeliz Caperucita nos sintamos a nuestra vez muy desamparados y compadezcamos a la pobre niña. Ahora bien, nunca nos detendremos a pensar que también somos un poco ese lobo feroz, y nos sentiríamos desagradablemente sorprendidos si alguien nos demuestra que, además de nuestros brazos y de nuestros dientes, también poseemos pezuñas y afilados colmillos.
Tal cosa ocurrió con esos « buenos burgueses de París », que se sentaron plácidamente en sus butacas la noche del 9 de diciembre de
7
Cfr. Alfred Jarry: « Las paralipoménes d ' Ubu », ob. cit.
8
« Ubu Roi. Un " argument " inédit d ' Alfred Jarry », Comosdia,
Paris, n.° 187, 4
avril, 1908, [ p. 1 ].