ACTA
El violín: primer instrumento perfecto
Los más célebres de estos instrumentos poseen un nombre y una historia, y han pasado por las manos de los mayores virtusosos de generación en generación. Por ejemplo, el violín“ Soil”, de 1714, considerado uno de los mejores Stradivarius, fue uno de los dos que poseyó Yehudi Menuhin, y ahora es propiedad de Itzhak Perlman.
Figura 1. El violín más famoso del mundo:“ il Cannone”
àDel museo al metro
En enero de 2007, Joshua Bell, uno de los grandes intérpretes de la actualidad, puso a prueba su Stradivarius en el metro de Washington tocando piezas de Bach y Schubert por unas monedas. Parece ser que el violinista accedió a esta apuesta del diario Washington Post con la mejor disposición, e insistió en usar su violín preferido.
A veces el valor de las cosas no es apreciable a primera vista, y esto es así para el arte de un virtuoso lo mismo que para una preciada manufactura de Antonio Stradivari.
Afortunadamente no pasó por allí ningún ladrón de violines. Si aquella mañana, en el metro de Washington, alguna persona de pies ligeros y dedos más ágiles que los del mismísimo Joshua Bell hubiera arrebatado a éste el instrumento con el que interpretaba la chacona de la Partita n º 2 de Bach, se habría encontrado con un botín inesperado: una pieza de museo valorada, como mínimo, en un millón y medio de dólares.
Los violines, violas y violonchelos construidos por Antonio Stradivari en Cremona a principios del siglo
XVIII, están entre los instrumentos musicales más caros que existen, como confirmó el año pasado la venta en Nueva York del violín“ Hammer” – un Stradivarius de 1707 – por 3.544.000 dólares. Pero, ante todo, la importancia de los Stradivarius reside en el hecho de que los mejores intérpretes de todas las épocas los han codiciado y perseguido, y los más afortunados los han convertido en su principal herramienta de trabajo( más allá de todo fetichismo o afán especulativo).
Figura 2. El bromista Joshua Bell
àEl pasado y el presente
La forma artesanal en que se construyen los violines no ha cambiado esencialmente desde los tiempos de Stradivari y Guarneri. La producción industrial – sobre todo de China – posee su propio mercado entre el creciente grupo de los aficionados o para un nivel inicial de aprendizaje, pero un violinista profesional presenta otros niveles de exigencia: necesita un trabajo de precisión, para el que se requiere la mano de un artesano experto.
Se estima que Antonio Stradivari construía alrededor de trece violines al año en la época en que salieron de su taller sus creaciones más valiosas, es decir, entre 1700 y 1725. Sus instrumentos eran entonces tan valorados como lo son ahora, recibiendo encargos de reyes, a la manera de un pintor o un escultor famoso. En la actualidad, los luthiers más prestigiosos construyen también un número reducido de instrumentos cada año, al mismo tiempo que concentran su trabajo en la restauración de instrumentos antiguos.
Este oficio establece una relación peculiar con el tiempo. Para empezar, en la construcción de un buen violín se utiliza madera que ha sido previamente desecada. La madera se corta del árbol y se deja
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