VIDAMÉDICA / Grupo Sueños { 69
ROSABETTY MUÑOZ Poeta chilota que ha publicado numerosos libros que la han consolidado como una voz fundamental en la poesía chilena contemporánea.
—¿ Qué representa para ti la poesía? Ha tenido distintos significados según los momentos de mi vida. Cuando empecé a escribir, muy niña, era una manera de explorar y recuperar las historias que me gustaba escuchar. Cuando era adolescente, fue una especie de refugio en donde uno va buscando su identidad. Yo escribía textos muy privados, como diarios de vida. Cuando estuve en la universidad y me encontré con otros compañeros que también amaban la poesía, empezó a ser la columna vertebral de todo lo que hago. Casi todas las decisiones que he tomado en mi vida tienen que ver con la poesía, por ejemplo, quedarme en Chiloé.
—¿ Qué es lo que más te interesa en la poesía? Me interesa mucho trabajar en un territorio acotado, la poesía situada, que está participando de una cierta vida, como parte de un desarrollo cultural de su territorio, comprometida con el lugar de donde proviene y que tenga incidencia en lo que pasa en ese lugar de origen, con la que la gente se sienta identificada.
—¿ Cómo la poesía muestra la realidad de los lugares en que se genera? Intento rescatar la palabra y el relato de las mujeres mayores de la isla de Chiloé. Contienen una historia riquísima y una manera de decir con un lenguaje muy primario, original, muy trenzado con la vida cotidiana, incluso con cuestiones límites, como la sobrevivencia.
—¿ Qué impacto puede tener la voz de un poeta en el resguardo de la naturaleza? Si hay un lugar donde todavía la palabra poética tiene algún peso, es aquí. La gente que se acerca a la poesía en Chile está esperando esa voz que ilumina algunos espacios de la realidad que nos sirven a todos. Estamos en un momento de crisis, y en la poesía, y en el arte en general, van a estar las reservas de sentido que necesitamos. La poesía ilumina y hace mucha falta en todos los lugares, especialmente en las escuelas.
GABRIEL LEÓN Bioquímico, doctor en biología molecular y reconocido comunicador científico, autor de los libros y del podcast La Ciencia Pop.
— Eres uno de los divulgadores científicos más reconocidos del país, pero prefieres denominarte comunicador científico. ¿ Cuál es la diferencia? Es súper importante hacer la distinción. La divulgación de la ciencia es un ejercicio vertical, donde el que sabe le explica a los que no saben un tema en particular. Se basa en una teoría de la comunicación que postula que si se entrega a las personas una información que no tienen, pueden tomar decisiones más correctas, como vacunarse. Con el tiempo quedó demostrado que la entrega de información por sí sola no hace que las personas cambien de idea o de actitud frente a un hecho en particular. Ahí nace la teoría de la comunicación científica o de la ciencia, un ejercicio horizontal en que se establecen diálogos con las audiencias.
— En la historia de la ciencia también hay eventos muy oscuros, donde se han saltado normas éticas y morales, ¿ por qué ocurren esos casos? Muchos de esos hechos ocurren cuando el científico cree que su genio lo exime de cumplir con las normas, como un dermatólogo que hizo experimentos en cárceles y cuando fue cuestionado por ello dijo:“ Las normas no aplican a los genios”. Como si el tener una buena idea te eximiera de respetar los derechos de los demás. Por eso, tiene que existir un marco regulatorio estricto y un cuerpo que vigile su cumplimiento. Para eso existen los comités de bioética.
—¿ Cómo ha cambiado la enseñanza de la ciencia en los últimos años? Ya no es el profesor quien le dice a los estudiantes cómo funciona el mundo, sino que a partir de un proyecto de investigación, de una pregunta, los estudiantes evalúan posibilidades y aprenden a partir de la exploración del mundo. Eso permite ver que la ciencia es un ejercicio paciente y riguroso que comienza en la cabeza, con una buena pregunta; no es la verdad revelada por una persona en particular y que hay que aceptarla como tal.