Vida Médica Volumen 77 N°2 2025 2 | Seite 48

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Debemos enfocar siempre un error, un evento adverso en salud o un juicio médicolegal desde el manejo de las emociones que nos causan estas situaciones. Las segundas víctimas necesitan ayuda, no invisibilización ni castigo”.

nuestros pacientes. En este escenario, la primera víctima es el paciente y la segunda víctima es el médico. A estos estresores agudos con frecuencia se suman estresores crónicos propios de nuestro trabajo y agravados por las condiciones en que se trabaja como: disparidades en la atención en salud, falta de autonomía, poca valoración del trabajo realizado, exceso de horas de trabajo, falta de recursos para ofrecer una medicina acorde a los estándares de calidad y un largo etcétera que incluye problemas domésticos y familiares que no hacen más que profundizar la situación. La mayoría de los médicos experimentamos-en mayor o menor grado- síntomas de segunda víctima en algún momento de nuestra vida profesional. Estos síntomas pueden estar presentes incluso sin reunir todas las características del cuadro clínico de síndrome de segunda víctima. Aquellas especialidades con mayor riesgo de eventos inesperados y muchas veces catastróficos como la medicina de urgencia, la cirugía y la medicina intensiva, tienen mucho mayor riesgo de experimentar el síndrome de segunda víctima que, sin tratamiento, podría convertirse en un verdadero desorden de stress post traumático. No todos los eventos médicos traumáticos tienen el mismo peso psicológico; uno de los eventos más dolorosos en nuestra vida profesional es el error; es decir, causar un daño inadvertido a un paciente. En este contexto, el impacto emocional del médico puede ser muy profundo, generando angustia, tristeza, recriminación, vergüenza, culpa, remordimiento, pérdida de confianza acerca de sus habilidades y un gran temor: ¿ cuál será la evolución de mi paciente?, ¿ qué le cuento a mi paciente y qué debería callar?, ¿ cómo afectará mi reputación?, ¿ me demandarán? A esto se suman alteraciones en el sueño como insomnio y pesadillas, falta de concentración y pensamientos intrusivos repetitivos acerca del error cometido.
Todo esto lleva a un creciente aislamiento y soledad. Sin un abordaje activo del síndrome de la segunda víctima, como médicos estaremos más expuestos a cometer nuevos errores, a cambiar nuestra práctica por temor, estaremos más propensos a dejar la medicina, al abuso de alcohol y drogas, a la depresión, y a un aumento significativo del riesgo suicida.
Luego de cometer o vivenciar un error o un evento adverso grave en salud debemos enfocar la situación desde dos ángulos: desde el problema y desde las emociones. Al abordar la situación desde el problema, nos enfocamos en la oportunidad de aprendizaje que nos dejan estas situaciones, de tal manera de propender siempre a la mejora continua de la seguridad y calidad de la atención en salud. Esto lo conocemos bien los médicos que nos dedicamos a especialidades quirúrgicas ya que el seguimiento y análisis de las reintervenciones quirúrgicas no programadas constituye un indicador de calidad desde hace más de 10 años en Chile y es una herramienta útil de retroalimentación del trabajo quirúrgico. Sin embargo, la ideología del estoicismo aún la vemos cuando luego de un resultado catastrófico o un error técnico durante una cirugía, se discuten hasta el cansancio los detalles intraoperatorios más mínimos, ignorando que el cirujano o la cirujana grita en silencio por ayuda para gestionar las emociones que lo desbordan luego de una experiencia de esta naturaleza y no pide ayuda para mejorar sus habilidades técnicas. Este temor de parecer débil o sentir el deber de seguir adelante a pesar de lo vivido-que son respuestas humanas innatas al duelo- no es lo que ha hecho ni hará exitosa a la medicina. Por tanto, debemos enfocar siempre un error, un evento adverso en salud o un juicio médico-legal desde el manejo de las emociones que nos causan estas situaciones. Las segundas víctimas necesitan ayuda, no invisibilización ni castigo.
En marzo recién pasado, FALMED invitó a la Dra. Jo Shapiro, profesora otorrinolaringóloga de la Universidad de Harvard con una vasta experiencia en educación y apoyo a organizaciones de todo el mundo en temas de calidad, bienestar médico y profesionalismo, a darnos una conferencia acerca del síndrome de segunda víctima y cómo abordarlo. Gracias a ella tomamos conciencia de que este problema es más frecuente y ubicuo de lo que creíamos y que ha sido sistemáticamente invisibilizado y silenciado por nuestra cultura médica. También aprendimos del poder de los colegas para ayudarnos a sanar. ¿ Quién mejor que un colega que ha estado en nuestros zapatos para escucharnos y ayudarnos a salir adelante luego de una experiencia traumática en nuestro trabajo? En el mundo desarrollado existen desde hace años los Peer support groups o grupos de ayuda de pares, que son médicos, elegidos y validados por sus propios colegas, que han recibido una capacitación específica para escuchar y ofrecer los primeros auxilios emocionales a los médicos que han sufrido una vivencia traumática en su quehacer, ayudándolos a salir adelante y evitando así el espiral descendente y autodestructivo del síndrome de segunda víctima. La Dra. Shapiro nos comentó también que actualmente existe controversia acerca de la terminología segunda víctima ya que la palabra“ víctima” lleva implícita pasividad de parte del médico y se puede entender como una minimización del impacto en los pacientes efectivamente víctimas de un evento traumático; de tal manera que desde FALMED proponemos el término Sufrimiento Secundario por sobre Segunda Víctima.
En Chile, tenemos un largo camino que recorrer en esta materia; debemos avanzar hacia el desarrollo no solamente de la calidad y seguridad en la atención del paciente sino también hacia una cultura de integridad ética, transparencia y profesionalismo hacia las evoluciones inesperadas, abrazando nuestra vulnerabilidad.
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