toles del Nuevo Testamento.
Parece que el Espíritu toma en
cuenta todo sobre un profeta en particu-
lar o autor apostólico y graciosamente
hace uso de él. El Espíritu incorpora la
lengua, la cultura y el medio sociocultu-
ral del mismo, así como su propia rela-
ción con Dios, en sus propósitos comu-
nicativos. El Espíritu usa los elementos
humanos de los profetas o apóstoles
seleccionados. Pero el Espíritu usa
esos elementos en una forma que
los capacita para referirse a rea-
lidades más allá de las creadas. El
Espíritu se encarga de ellos en una
forma que les da a sus palabras
una capacidad para comunicar eso
que ellas nunca tendrían por sí
mismas.
Así, por el Espíritu, las Escritu-
ras, como un todo, sirven como una
forma de comunicación escrita que
Dios puede usar continuamente pa-
ra darse a conocer a sí mismo y
sus caminos a su pueblo, a lo largo
de los siglos. Si el Espíritu no hu-
biese actuado con esos individuos
no tendríamos ningún acceso a la
palabra de Dios con autoridad y
confianza. Así que podemos agra-
decer a Dios por elegir a ciertos
individuos a lo largo de los siglos, e
inspirarlos por medio de su Espíritu,
para hablar fielmente por él.
blia no solo la inició, seleccionando e
inspirando a ciertos individuos, sino
también supervisando como eran trans-
mitidas y finalmente coleccionadas. A
esta forma de la gracia de Dios la lla-
mamos su providencia.
Aparentemente un aspecto de la su-
pervisión providencial de Dios incluyó
también alguna acción editora inspirada
del material preexistente. Dios, provi-
dencialmente, mantuvo contacto con su
Tenemos estas palabras escritas porque
de alguna forma han sido preservadas
para nosotros a lo largo de los siglos.
Esto también debe considerarse como
la acción graciosa y don de Dios. Por su
gran amor por nosotros el Dios de la Bi- palabra escrita y con el proceso por el
que fue canonizada (reunida en una co-
lección autorizada). Por supuesto, si el
Dios de la Biblia quería que tuviésemos
un testimonio escrito de su Palabra, en-
tonces no debería de sorprendernos
que también haya anticipado y asegu-
rado su preservación a lo largo de los
siglos. Después de todo, ¡Dios tiene que
ser muy inteligente para ser Dios!).
www.comuniondelagracia.es Verdad y Vida Mayo - Junio 2017
Preservación providencial
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