Un mundo mejor es posible | Page 9

Un día, un mes de julio, por la noche, salieron a divertirse. De vuelta, Damian venía acompañado de unos colegas del Bufete. Su hermana Edela volvía bien acompañada de un chico muy guapo que había conocido aquella noche.

Damian y sus colegas volvían de camino cada uno a su casa por una calle de no muy buena reputación en la ciudad. Les siguieron seis chavales vestidos con gorros negros, chaquetas de cuero y unas botas estilo militar. Uno de sus colegas, Andrés, que era el más joven, con veinte años, estaba un poco asustado. Uno de los seis chavales gritaba algo así como una consigna estereotipada que para Damian no tenía mucho sentido y con la que daban vivas a lo que reconoció como un siniestro personaje de la historia. Los seis chavales corrieron hacia Damian y sus colegas, sacando una daga y un bate de béisbol cada uno. A pesar de que Damian y sus colegas corrían por todas las callejuelas, fue inútil, les acorralaron en una calle con doble salida, tres les venían por la espalda y tres de frente. A Kevin, uno de los colegas de Damian, le apuñalaron en el corazón. A Andrés y a Damian les golpearon con bates de béisbol. Y entonces fue cuando a Damian le cercenaron el cuello con una daga. Cuando Andrés vio a sus colegas yaciendo en el suelo, muertos, temió que le iba a pasar lo mismo y salió huyendo hacía la casa del señor Walter, donde vivían los dos hermanos. Allí se encontraba Edela con su nuevo amigo. El señor Walter no estaba en casa. Casi sin aliento y presa del miedo, le contó a Edela lo sucedido y que sólo él pudo escapar. Edela, atónita, no sabía qué hacer. Le miró muy desesperada y fue corriendo a la calle en donde habían matado a su hermano y a uno de sus colegas.

Cuando llegó a la calle vio a los dos tendidos en el suelo, desangrados, se puso rodillas y, agarrando a su hermano, empezó a llorar y a dar gritos de rabia. Edela, desesperada, se preguntaba por qué les había tenido que pasar esto, si ellos nunca hicieron mal en toda su vida, aunque comprendió que cada uno tiene su destino haga lo que haga.

Edela fue a buscar al señor Walter le contó lo sucedido. Decidieron que enterrarían a su hermano Damian al lado de su abuela. Al día siguiente Edela y el señor Walter se trasladaron al pueblo natal de los hermanos y allí enterraron a Damian junto a la abuela como habían decidido. Los dos se abrazaron y lloraron junto a su tumba. El señor Walter deslizó suavemente su brazo sobre el hombro de Edela y ésta le dijo:

-Me gustaría ir a la cascada del río, donde solíamos jugar Damian y yo.

-Vamos hija –replicó el señor Walter.

Al llegar se sentaron frente a la cascada y Edela habló sobre los días felices que pasó junto a su hermano, de cuando pescaban peces, se bañaban y jugaban en el agua. Luego Edela habló sobre el destino, que nadie conoce su destino en esta vida tan cruel y tan injusta. El señor Walter la arropó con su hombro y le susurró:

-Sigue tu camino y no mires atrás, y serás feliz.