Salieron del almacén de Jonás. El señor Walter explicó a los chicos que tenían que ir a la escuela porque aún eran jóvenes y tenían que aprovechar todas las oportunidades. Les llevó hasta la escuela del pueblo y ellos se sintieron felices por ir a estudiar como los demás chicos de su edad.
Damian, que era el más introvertido, se acercó al señor Walter y le preguntó:
-¿Señor Walter, le podríamos llamar papá? -. Walter se emocionó y se le saltaron las lágrimas, que resbalaban por su cara:
-Pues claro hijo mío, claro que podéis llamarme papá -respondió Walter-.
-¿Y a la señora Walter, también la podemos llamar mamá?
-Claro que sí. A ella le hará muy feliz.
Los niños también se emocionaron y todos se dieron un fuerte abrazo.
Al día siguiente los niños fueron a la escuela. El maestro pronto se percató de que ambos eran muy inteligentes. Habló con Walter y le dijo que tendría que matricularles en el curso siguiente. A él le pareció una fantástica idea, estaba muy feliz por tener a esos dos pequeñajos, eran listos y muy educados, los maestros también estaban muy contentos con ellos.
Pronto, los dos hermanos empezaron a destacar como buenos estudiantes. Iban superando curso tras curso con facilidad. Sus calificaciones no podían ser mejores, por lo que, cuando cumplieron la edad de estudiar en la universidad, recibieron cada uno una beca para estudiar en una Universidad de la Ciudad. Los jóvenes estaban muy contentos y el señor Walter también. Ya hacía algún tiempo que Walter había enviudado y decidió vender la tienda que regentaba en el pueblo y trasladarse con los chicos para compartir con ellos esa nueva aventura y abrir un negocio allí.
A las dos semanas iniciaron el viaje. El señor Walter abrió una tienda de ropa y le iba bastante bien. Los chicos habían comenzado sus clases en la Universidad. Damian quería ser abogado y Edela médico. El pensamiento del señor Walter fue siempre que les quería y se interesaba por su protección, porque él nunca tuvo hijos, por lo que los chicos le hicieron sentirse como una familia feliz.
Transcurridos seis años, los dos hermanos terminaron sus estudios. Edela comenzó a trabajar en un prestigioso hospital de la ciudad y Damian en un bufete de abogados.