Un mundo mejor es posible | Page 7

John Walter era ya un hombre entrado en edad. Vivía con su mujer, Emma, más o menos de la misma edad. Vivían solos, no habían tenido hijos y aquellos chicos aparecieron en sus vidas como un regalo llovido del cielo. Una oportunidad de tener aquellos hijos que siempre habían deseado.

Al llegar al hogar de los Walter, Emma se conmocionó tanto al ver a aquellos niños desolados, sucios y hambrientos, que pronto los tomó y los consideró como si de sus propios hijos se tratase. La señora Walter les preparó un baño bien caliente, les proveyó de las mejores ropas y de la mejor comida que habían probado nunca. Tan encantados estaban con los chicos que decidieron que se quedarían a vivir con ellos y bajo su techo recibirían la mejor educación posible.

Al día siguiente, el señor Walter, se llevó a los chicos con él. Estaban inquietos pues no sabían adonde se dirigían. Llegaron hasta el drugstore del señor Jonás:

-Buenos días, viejo John y compañía...Bendito sea el cielo ¿cómo tú por aquí? Espero que al menos habrás entrado para gastar tu dinero, viejo avaro.

-Jonás, viejo cascarrabias ¿aún sigues teniendo este destartalado almacén? Quizás tengas por ahí unos libros de escuela, cuadernos, lapiceros y todo eso, ya sabes; porque… ¿tú fuiste a la escuela, no?

-Yo te enseñé a leer viejo estúpido, aunque ya veo que necesitas algunas lecciones más.

-Te las daría yo a ti viejo engreído. El material escolar es para estos niños que me acompañan.

-Más vale tarde que nunca…, se te ve hecho un chaval.

-No seas estúpido, viejo carcamal, sabes bien que Emma no puede…bueno, ya sabes.

-Está bien, disculpa, sólo fue una broma, viejo huraño… Bueno, por ser ellos, que se les ve cara de listos, no como esa cara de asno que usas, voy a ser generoso y te lo dejo todo en 30.

- ¡20!

-Sigues siendo el mismo viejo tacaño de siempre. Qué sean 25.

-Hecho, viejo usurero.

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