Un mundo mejor es posible | Page 6

En un barrio, en algún lugar, vivían dos hermanos de unos diez años poco más o menos, Edela y Damian. Vivían con su abuela, una mujer que, con sus sesenta y siete años a cuestas, padecía de una enfermedad incurable y tenía que sacar adelante a los muchachos.

Los chavales notaban que su abuela se sentía muy enferma y no tenía dinero suficiente para su medicación y, a la vez, darles de comer. Un día, mientras comían, Edela se levantó de la mesa y salió corriendo de la casa. Su hermano Damian la siguió. Damian consiguió alcanzarla en un campo, a las afueras del barrio, y le preguntó:

-¿Qué te pasa hermana?

-¿No te has fijado en la abuela?...está sufriendo y se muere poco a poco.

-¿Qué será de nosotros –dijo Damian- cuando la abuela no esté?, también moriremos de hambre y eso no es justo.

Al cabo de una semana, una triste mañana, la abuela murió. Los hermanos fueron corriendo y llorando a avisar a sus vecinos. Los vecinos acudieron al hogar de los chicos, vieron a la abuela yaciendo sobre su cama, la taparon con una sábana y aquella misma tarde la enterraron.

Al día siguiente los niños, con lo poco que tenían, abandonaron la casa de su abuela, salieron del pueblo en el que habían nacido e hicieron un largo viaje a pie hasta el siguiente pueblo, esperando ser acogidos por alguna familia, pero nadie les prestó ayuda.

Se pararon frente a una tienda de alimentación y se sentaron a descansar en el bordillo de la acera. Un hombre, de buena apariencia, salió del establecimiento, era el dueño del negocio, y viéndoles tan sucios, con sus ropas raídas y tan delgados, les preguntó:

-¿Dónde están vuestros padres?

-No tenemos -contestó Edela. Vivíamos con nuestra abuela, pero falleció hace cuatro días. Como no teníamos a nadie que se ocupara de nosotros, salimos del pueblo y llegamos andando hasta aquí.

-¿Y no encontráis a nadie que se haga cargo de vosotros?

-No señor, contestó Damian, dirigiendo su mirada al suelo.

-Me llamo John Walter, pero todos me llaman señor Walter. ¿Y vosotros cómo os llamáis?

-Yo Edela y él es mi hermano Damian

-No os preocupéis niños, acompañadme a mi casa, allí podréis comer algo y tomar un buen baño. Mi mujer os dará ropas limpias.

-Muchísimas gracias señor Walter.

-De nada, venid conmigo muchachos- les respondió.

NO MIRES ATRAS