Madi tenía que levantarse durante la noche para fumarse un porro, porque si no, no podía conciliar el sueño. Cuando su consumo de marihuana ya era muy alto, sentía que fumar ya no le causaba el afecto que tenía al principio. Ocurrió entonces que sus amigos le dieron a probar cocaína. Cuando la probó también le gustó. Ese mismo día había estado fumando porros y al probar la cocaína, de repente se despertó de la fumada y empezó a hablar más con la gente, tenía ganas de bailar, estaba muy feliz. Pero poco tiempo después probó algo que aún le gustó mucho más. Era una droga que no tenía que estar consumiendo durante todo el día y a cada hora. Con la cocaína, el efecto le duraba sólo una hora, como mucho dos, pero esa nueva droga cuyo efecto sí le iba a durar todo el día era el cristal. Desde que lo probó no volvió a meterse una sola raya, pero sí siguió con el cristal. Le gustó mucho, pero intentaba no consumirlo tanto por que ya tenía mucha información sobre los efectos a largo plazo: un año consumiendo cristal envejece 10 años de tu vida. Por eso decidió que sólo lo utilizaría en ocasiones especiales.
Todo esto es lo que Madi llegó a consumir antes de empezar su rehabilitación. Al principio estaba muy nerviosa y agresiva porque no podía soportar la idea de que toda la diversión que estaba teniendo esos días se le fuese a acabar. Antes de empezar la rehabilitación tuvo que ingeniárselas para poder esconder marihuana, tacaco, papel y mechero. Y así lo hizo. Cuando nadie la vigilaba, pasaba el tiempo tan tranquilamente fumando porros, sobre todo por las noches, hasta que la pillaron, y fue horrible, pero eso no fue lo peor, le quitaron todo lo que había escondido y, sin poder consumir, cada día estaba más enfadada y cuando salía del centro con el grupo las liaba. Así pasó varios meses con unas ganas horribles de consumir y hasta ahora, que no es que le vaya muy bien, pero ya va poco a poco llevándolo mejor, y ha conseguido llegar a la última etapa de la rehabilitación y todo.