OCASIONES ESPECIALES
Madi empezó a consumir con 12 años. Al principio fueron los paquetes de tabaco, luego pasó a la marihuana. La primera vez que lo probó le gustó bastante. Estaba en el salón de su casa con algunos de sus amigos y tuvo una sensación que no había sentido nunca antes. Se sentía muy relajada, le hacía gracia cualquier cosa. Después de esa primera vez, siguió consumiendo, ya fuera con sus amigos o a solas. Pasaba el tiempo y Madi ya no fumaba de la misma manera. Cada vez fumaba más cantidad y con más frecuencia. En el taller de prevención en drogodependencia aprendió que a eso se le llama “tolerancia”, es decir, que cuando se ha pasado un tiempo fumando, apetece consumir más cantidad para poder sentir el mismo efecto. Cuando esto pasó, Madi ya estaba totalmente enganchada a la marihuana. Fumaba mucho pero nunca llegó a volver a sentirme como las primeras veces. Necesitaba fumar marihuana para poder dormir, para calmar los nervios; si en algún momento lo dejaba, ya sentía ansiedad.
Desde que empezó a consumir la vida de Madi cambió mucho. En ese tiempo cambió de amistades y se juntaba con gente que fumaba y que también consumían otras sustancias adictivas. Empezó a tener problemas con su familia. Cualquier cosa que le decían la desquiciaba. Estaba todo el día enfadada con sus padres. Su madre registraba en la habitación cuando ella no estaba, a ver si encontraba porros, para tirarlos a la basura. En una ocasión los encontró y llevó la marihuana a la comisaría. Madi se enfadó mucho con su madre. Pensaba que lo único que quería era fastidiarla, cuando la realidad es que sólo estaba intentando ayudarla. Muchas veces se escapó de casa para que la dejase tranquila.