Las palabras del presente
La educación de las vergüenzas
Por: Santiago Plata Pinzón. 10-B
Existe una escena que se vive cada cierto tiempo en la institución, y a la que se le presta muy poca atención; las charlas de educación sexual. Siempre es abordada con el mismo enfoque, unas diapositivas, una charla de media hora o cuarenta minutos, adornada con ciertas risas en momentos específicos, en la que, al finalizar, el expositor pregunta si alguien tiene una duda, nadie alza su mano y con ello se da por concluida la actividad. Este patrón se repite de forma constante y continúa manifestándose con el paso del tiempo.
Mientras esto sucede, los estudiantes tienen en sus bolsillos un aparato en el que puede acceder a toda la información del mundo, o en sus casas, donde también pueden ser dueños de un ordenador con las mismas capacidades para acceder al internet. Este ultimo es de suma relevancia, con él, encontrar conocimiento es más fácil que nunca, pero, su impacto en las nuevas generaciones es supremamente grande y no es como esas charlas en clase, estas si son permanentes, y lo que enseña no es necesariamente prevención o responsabilidad, en el mundo virtual hay un millar de contenido en que se mercantiliza al deseo, se normalizan cierto tipo de cuerpos junto con la aceptación de ciertas conductas basadas según el género, entre otras tendencias. la tecnología ha configurado un ecosistema sexual y afectivo completamente distinto al que forjo a los actuales profesores y padres de familia, he allí el problema central. La creciente brecha entre el cambio social y la adaptación institucional.
De ahí surge la urgencia de una educación sexual activa y constante, que logre desde edades relativamente tempranas mantener un proceso hermenéutico y construido por los estudiantes y docentes, permitiendo a los educandos relacionar conceptos con sus impulsos, cuerpo, relaciones y entornos, permitiendo así, un enfoque en la creación del criterio autónomo.
Esto último no es únicamente tarea de los docentes, es también una responsabilidad importante del estudiantado. No existe nadie mejor para exigir una constante enseñanza acerca de estos temas, y un abordaje exento de tabúes y filtros moralistas que omiten la salud y los derechos. Una educación consciente, en la que se sepan relacionar todos sus integrantes, es la única de sostener un crecimiento acerca del desarrollo sexual que no se reduzca a charlas ocasionales, sino que forme parte del raciocinio cotidiano, desarrollándose como un lenguaje común para servir así, como la mejor herramienta real de protección que podemos tener.
Referencias:
Encuesta Nacional de Demografía y Salud Colombia 2015.( n. d.). https:// dhsprogram. com / pubs / pdf / FR334 / FR334. pdf
Podemos reconocer como real y para nada nuevo el impacto de lo anterior, ya que, de manera alarmante, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud del año 2015 venían afirmando que un porcentaje significativo de los adolescentes del país obtenían información sobre sexualidad principalmente en estas herramientas. Cabe aclarar que este ensayo no está enfocado en criticar únicamente a las herramientas tecnológicas, sino más bien lograr estudiar los comportamientos negativos que estas reflejan en los jóvenes y niños, pero para ello es necesario reconocer sus implicaciones en este tema, y de la misma manera, poner nuevamente al frente a la educación como el mediador ideal para instruir sobre ello, dejando a un lado los tabúes para que de esta manera se pueda evidenciar un verdadero desarrollo.
He aquí la gran contradicción que se encuentra en el sistema de nuestro país: El estado colombiano ha limitado la impartición de educación sexual únicamente a los grados de noveno, decimo y undécimo con la Ley 1146 de 2007, en el artículo 14. Eso presenta una gran problemática a nivel nacional, aunque esta educación existe, su aplicación se materializa en algo tardío, ya que omite los aspectos de constantes cambios a los que esta sujeta la sociedad, y en especial, la juventud.
No es un fenómeno aislado, es verdadero que el mundo cambia a un ritmo al que la mayoría de las instituciones no logran mantener, basta con comparar las relaciones entre los seres humanos de hace 10 años a las de hoy en día para darse cuenta de las gigantes diferencias que nos rodean. Todo lo que ofrece
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