¿ Para qué escribir lo que otros prefieren callar?
Por: Marian Sofía Pino Martínez. 9-B
Un nuevo caso de violencia aparece en la pantalla. Deslizamos el dedo y, minutos después, llega otro. No lloramos, no nos indignamos, ni siquiera preguntamos quiénes fueron las víctimas: simplemente seguimos con el día. Así, poco a poco, el horror deja de sorprendernos y se convierte en paisaje. Esta normalización de la violencia no es un fenómeno aislado, sino una problemática que hoy afecta a millones, precisamente porque su repetición constante le quita la capacidad de generar el impacto colectivo que debería provocar.
Frente a esto surge una pregunta incómoda: ¿ puede una sociedad hablar de paz mientras aprende a mirar hacia otro lado ante el sufrimiento ajeno?
Responderla exige ampliar lo que entendemos por paz. No basta con la ausencia de guerras; hace falta la voluntad de reconocer y recordar el dolor del otro como comunidad. Y para sostener esa memoria frente al olvido, contamos con una herramienta silenciosa pero persistente: la palabra escrita, capaz de dejar huella donde la indiferencia solo deja vacío.
En primer lugar, la normalización de la violencia destruye cualquier posibilidad de paz antes de que esta llegue a formarse. El fenómeno se cuela en los aspectos más cotidianos de la vida, hasta el punto de volverse invisible: no se penaliza, no se señala, y por eso mismo empieza a sentirse como algo inevitable. Lo que antes eran hechos puntuales se transforma en una práctica aprendida y reforzada por la propia sociedad, en lo que Johan Galtung llamó“ violencia cultural”.
El ejemplo más claro está en los hogares donde la violencia se hereda. Quien crece entre golpes y gritos aprende, sin quererlo, que esa es la única forma válida de criar, resolver conflictos o imponer autoridad, y termina repitiendo el mismo patrón en su vida adulta. Así, se crea un ciclo intergeneracional que se perpetúa a sí mismo. Cuando una sociedad deja de cuestionar estas dinámicas, la paz deja de ser un horizonte posible: no hay manera de que florezca donde la violencia ya forma parte del tejido social, aceptada sin intención real de transformarla.
Por consiguiente, la memoria es el primer paso hacia una paz duradera. Solemos creer que la clave para vivir en“ tranquilidad” es simplemente enterrar el dolor y los momentos difíciles que se han atravesado, convenciéndonos de que recordar es solo alimentar el“ resentimiento”. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Cuando una sociedad decide minimizar el sufrimiento, olvidar a las víctimas y optar por la indiferencia, la violencia deja de tener consecuencias sociales y morales tangibles. Con el tiempo, se reduce a cifras y datos estadísticos que no tienen mayor impacto en nuestra vida. Por esta razón, recordar no significa quedarse en el pasado, sino identificar, comprender y exigir justicia por los perjudicados por cada masacre que se ha presentado a lo largo de nuestra historia, y de esta manera impedir que ese dolor vuelva a repetirse en un futuro. Mantener la memoria viva constituye un paso hacia el desarrollo social de la mano de las lecciones del pasado. Un vaso de agua fría que evita que nos adormezcamos bajo la ilusión de paz del olvido.
Las palabras del presente
Es justamente en este punto donde la escritura adquiere su papel fundamental. Escribir no solo se basa en plasmar relatos armónicos y complacientes, sino también en conservar las historias, emociones y pensamientos que, muchas veces, el miedo, el tiempo y el propio desinterés común han tratado de ocultar. A través de cuentos, testimonios o poemas, los escritores logran transmitir infinidad de realidades, darles voz e identidad a las víctimas y otorgarles un lugar en la memoria colectiva. La escritura nos obliga a reconocer que detrás de cada historia trágica hay un ser humano que tuvo que atravesarla, y que, por esto mismo, merece ser recordada. De esta manera, escribir se convierte en una herramienta clave para preservar aquello que define a nuestra especie: la humanidad. A partir de ella derribamos cualquier barrera de silencio que se nos imponga, expresamos ideas con libertad, rompemos prejuicios que se han incrustado profundamente en la sociedad, y palabra a palabra damos el primer paso hacia la tan anhelada paz.
Pero ninguna palabra escrita cumple su función si nadie la recibe. La memoria no sobrevive solo en la pluma de quien escribe, sino en la disposición de quien lee para detenerse, sentir incomodidad y dejarse cuestionar por lo que encuentra. Leer un ensayo, un diario o una crónica sobre el sufrimiento ajeno y quedarse indiferente equivale, en el fondo, a repetir el mismo desplazamiento de la pantalla con el que empezó todo esto: mirar y seguir de largo. Por eso la conciencia que se construye a través de la escritura es, en realidad, un trabajo compartido entre quien narra y quien acompaña esa narración con atención genuina. Cada persona que decide leer con cuidado, comentar, transmitir lo leído a otros o simplemente permitir que una historia la incomode un poco más de lo habitual, se convierte también en guardiana de esa memoria colectiva que tanto necesitamos sostener.
Quizá mañana volvamos a ver un nuevo titular sobre la violencia. Unos minutos más tarde, tal vez sea reemplazado por otro, perdiéndose silenciosamente entre miles de noticias. La diferencia se marcará el día en que tú, que estás leyendo esto, decidas detenerte un momento para leer, compartir y recordar cada historia; el día en que elijas batallar por la causa con cada recurso a tu alcance, negándote a permitir que la desensibilización nuble los valores que te sostienen como miembro de una comunidad. Porque al final, mientras existan personas dispuestas a escribir lo que muchos otros prefieren callar, la paz dejará de ser una utopía para convertirse en el acto de resistencia más silencioso y poderoso que tenemos al alcance, día tras día.
Referencias:
La normalización de la violencia, una de las causantes del miedo en los colombianos.( n. d.). https:// periodico. unal. edu. co / articulos / la-normalizacion-de-la-violencia-una-de-las-causantes-del-miedo-en-loscolombianos /
Galtung, J.( 2003). Violencia cultural( T. Toda, Trad.). Gernika Gogoratuz, Documentos de trabajo n º 14. https:// www. gernikagogoratuz. org / wp-content / uploads / 2019 / 03 / doc-14-violencia-cultural. pdf( Trabajo original publicado en 1990)
Cossio Sepúlveda, D. L., y Hincapié García, A.( 2021). Construcción de paz y ciudadanía. Entre la indiferencia y la memoria. Perseitas, 9, 98 – 119. https:// www. redalyc. org / journal / 4989 / 498966652013 / html /
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