Era una noche fría, los estudiantes del grado 7B estábamos en una pijamada en el club Praderas, un lugar fuera de la ciudad y debido al largo camino nuestros padres no podían recogernos ese mismo día.
Era la hora de comer. Todos estábamos sentados en la mesa, cuando de pronto las luces se apagaron y a la vez nos quedamos sin señal en nuestros celulares. Instantes después cuando la luz volvió, un grito proveniente de la piscina se escuchó por todo el lugar.
Juana, llegó corriendo al comedor, con lágrimas en los ojos y temblando. Dijo tartamudeando que en la piscina el cuerpo de Kiko, un estudiante nuevo, se encontraba flotando sin vida, en una nube de sangre.
Inmediatamente, Mafe y yo nos dispusimos a solucionar este misterio antes de que amaneciera. Sin pensarlo dos veces, interrogamos a Juana, quien nos aclaró que había visto a Kiko dirigiéndose a la piscina y que detrás de él una sombra lo perseguía, con curiosidad los siguió, pero al apagarse las luces solo pudo ver a Kiko sin vida en la piscina, sangrando sin cesar.
Como no tuvimos suficientes indicios decidimos volver al lugar de los hechos. Observamos todo detalladamente y pudimos, gracias a nuestras linternas, encontrar un cuchillo incrustado en la espalda de Kiko. Con la red de la piscina logramos acercar a Kiko a la orilla, con mucho cuidado sacamos el cuchillo. Mientras yo investigaba el cuchillo, mi compañera Mafe descubrió un callejón donde una sombra parecía vendarse una herida en la mano. Cuando ella me llamó, la sombra escuchó y escapó, solo alcancé a ver una tira de venda que había quedado suelta.
Intentamos seguirla por un tiempo, pero esta se perdió en la oscuridad. Inmediatamente Mafe y yo reclutamos a cinco compañeros que estuvieron dispuestos a ir con nosotras en busca de la sombra. Los elegidos fueron: Laura Cortes, María Camila Mantilla, José Manuel, Juan Diego y Pipe.
Una vez conformado el equipo, nos aventuramos a seguir el rastro de sangre dejado por la sombra. Después de un rato de caminar, llegamos a una cabaña abandonada cerca del club donde estábamos. Al entrar e inspeccionar el lugar un hecho nos dejó sin palabras: en uno de los muebles encontramos un retrato en el que aparecía nuestra compañera, Juana Valderrama quien, al parecer, era propietaria de este misterioso lugar. En ese momento, Juana se convirtió en nuestra principal sospechosa, por esta razón, decidimos volver al club Praderas para informar y prevenir a los demás compañeros.
VOLANDO CON LA IMAGINACION