Un Lugar Bachillerato 2020 Octubre 2020(clone)duplicado | Page 43

El Emperador azteca Moctezuma estaba muy preocupado, porque no sabía si era correcto dejarlos entrar a nuestra ciudad, aunque él era el gobernante supremo también era mi padre y junto a mis 18 hermanos vivíamos felices en nuestra tierra Tenochtitlán y nadie deseaba que esto cambiara. Todos en nuestro pueblo estaban ayudando en el gran recibimiento, mi padre creyó que el dios había sido enviado para llenarnos de gloria ante nuestros adversarios en la guerra contra los Tlaxcaltecas.

Las danzas y regalos llenos de oro y piedras brillantes resplandecían por doquier, parece que fue del agrado del Dios porque solo sonreía, aunque no entendía su lengua, la verdad yo lo vi como un hombre bastante pálido, subido en el caballo con sus pedazos de metal y trayendo fuego dentro de unos palos que le mostraron a mi padre para que él los alabara. Entrada la noche los niños no pudimos ir al ritual, solo fueron los mayores y los nuevos huéspedes.

La noche triste llegó y con ellos gritos y fuego, las mujeres corrían y los hombres peleaban, pero mi pueblo cayó ante los relámpagos de sus armas. Todos los niños y algunos de nuestros familiares incluyendo a mi hermano menor salimos corriendo hacia las montañas a escondernos, mi tío nos ayudó a no ser vistos, pero la matanza fue brutal, mi padre fue asesinado por estos hombres, porque de eso estoy segura no eran ningunos dioses. En la mañana solo había ruina y sangre, se llevaron todo nuestro metal y destruyeron nuestro hogar. Toda mi familia ha emprendido el viaje al encuentro con nuestros ancestros, en esta tierra solo quedamos mi hermano Tlacahuepantzin y yo.

Las preocupaciones no nos abandonaron, un mensajero nos alertó que de nuevo venían los hombres blancos, estuvimos muy asustados. Mi tío el nuevo emperador reunió a su ejército, pero los blancos   eran más y venían con otras tribus enemigas. No pudimos hacer nada, todos cayeron ante el gran Hernán Cortes y yo fui su prisionera como legitima heredera de la casta Moctezuma. Las cosas se tornaron muy difíciles para nuestro pueblo, porque nos convirtieron en sus sirvientes, nos cambiaron los nombres, me llamaron Isabel y a mi hermano Pedro y no se nos permitió hablar nuestra lengua, además nuestros rituales estaban prohibidos solo podíamos orar con los frailes a un solo dios.

 

Al pasar los años los hombres, mujeres y niños se empezaron a sentir mal, estaban muy calientes y les salían ronchas en su cuerpo, ningún chaman ni médico blanco pudo controlarlo, eran cada vez más los muertos y toda nuestra gente había muerto.

Nosotros lo único que queríamos era ser sus amigos y llevarnos bien. Tal vez si ellos nos hubieran pedido el oro lo hubiéramos compartido como amigos y toda esta cruel matanza por ambición no hubiese ocurrido.

VOLANDO CON LA IMAGINACION

Isabella Sierra Vargas

Grado: 7A