Hijo mayor del hogar de los Rodríguez, familia proveniente de España, que vino a radicarse cerca de las laderas del rio fonce, en los terrenos que hoy ocupa la provincia de Guanentá en Santander, a Jeremías siempre se le conoció por ser un joven criollo, estudioso, laborioso y con un gran sentido social.
Culminó sus estudios en un importante centro académico de la región, para liderar luego la empresa de su familia, dedicada al cultivo y aprovechamiento del fique, como materia prima para la elaboración de cabuya, la cual a su vez era utilizada para múltiples fines.
A medida que el joven observaba con entusiasmo el crecimiento de sus cultivos y la alta demanda de su producción, también crecía en él, su frustración e impotencia, al ser testigo de cómo gran parte de las ganancias derivadas de su arduo y dedicado trabajo, iban a parar al tesoro de la corona española, debido a la alta cantidad de impuestos que debían entregarse al virreinato, sin que se vieran adecuadas inversiones en la zona.
Fue entonces que Jeremías, decidió convocar a diferentes productores y terratenientes, con el fin de organizar una asociación que pudiera llevar la vocería de la gran mayoría de comerciantes y productores de la región, haciendo ver la necesidad de que sus impuestos se vieran retribuidos en obras de impacto para la comunidad.
Paula Durán Sierra
Luciana Guerrero Navarro
Cuenta una leyenda del municipio de los Santos que en los años 90 existió una niña que vivía con su familia en el campo. Ella se llamaba Rosa, le encantaba jugar con su perrito, corrían, saltaban, en fin se divertían demasiado. Un día su familia invitó a los vecinos a tomarse un cafecito y a charlar.
Los vecinos tenían tres hijos y todos eran pequeños. Cuando los niños vieron a Rosa jugar quisieron ir, pero estos eran demasiado bruscos con el perrito lo cual hacía que Rosa se enfadara mucho. Los niños concentrados en el juego se alejaron y se fueron a una montaña con el perrito. Rosa, muy asustada, los persiguió. Cuando ella subió al Salto del Duende, quedó abrumada por lo que estaba viendo, pues uno de esos niños le pegaba una patada a su perrito arrojándolo al abismo. Desconsolada la niña, se lanzó tras él para salvarlo, pero este en realidad este fue el fin tanto de ella como de su mascota.
Desde ese entonces, dicen los habitantes del pueblo, que el espíritu de Rosa vaga por este sector, buscando venganza y asustando a los niños y personas que maltratan a los animales.
VOLANDO CON LA IMAGINACION