Si bien es cierto que la situación de Bucaramanga no está a la escala del problema principal en “La Sed”, es claro que en ambas realidades se están vulnerando distintos derechos, tales como a la salubridad, al ambiente sano y a la vida digna. Mostrándose como víctima la sociedad en general y los victimarios aquellos al poder, sin excluir totalmente de culpa a los que son gobernados.
En el mundo ficcional de Enrique, la escasez se dio porque las grandes industrias no midieron el impacto que tenían en el medio ambiente, y/o porque, a pesar de las evidencias, priorizaron sus ingresos y la adquisición de privilegio social y económico, dejando de lado su deber de cuidar y proteger el ecosistema. Igualmente, la sociedad consumidora estuvo cegada por el ansia de comprar más productos, sin intención de intervenir para acabar con tan insensato obrar. Esto mismo ocurre en Bucaramanga, con una diferencia en los protagonistas y las motivaciones de lo que ocurre. Sucede que, durante varios años, la contaminación de El Carrasco afectaba a sectores cercanos, tanto con malos olores como con problemas de salud y aparición de mosquitos, por lo que en el 2002 la población afectada exigía el cierre del relleno sanitario.
El año siguiente se dio un plazo para que se efectuara la voluntad del pueblo, pero debido a la incompetencia de las entidades a cargo, esto no fue así. Debido a esto, siete años más tarde se volvió a ordenar el cierre de El Carrasco, en esta ocasión, por una falla que no habría ocurrido si se hubiera hecho el debido proceso en el 2003. A pesar de este precedente, en el 2011 se tuvo que emitir otra orden para cerrar El Carrasco, y una vez más por una falla que no debería de haber ocurrido. Casi una década después de la primera queja del pueblo, El Carrasco sigue abierto y ocasionando problemas, esta vez la acumulación de desechos en la ciudad.
La poca importancia que le dedicaban a la preservación del ambiente deterioró la situación de los personajes hasta condiciones de extrema miseria: vivir diariamente en una atmósfera contaminada, cuerpos fallecidos a lo largo de todo el terreno, basuras y desperdicios desperdigados en el entorno y el no tener siquiera el recurso primordial para sobrevivir, agua. Todas estas circunstancias afectan considerable y negativamente la salud de las personas que aún habitan aquellas tierras áridas, no se garantiza la protección ni el resguardo de la sanidad colectiva. Más allá de las limitaciones que supone esta escasez; que no exista un sistema social organizado, impedimenta el acceso a bienes, servicios, alimentación y vivienda, desmoronando a su paso el beneficio de una vida digna.
Así mismo, es evidente que en la realidad actual de Bucaramanga se vulneran, en similar medida, los derechos de los ciudadanos a vivir en un ambiente sano, dado que, por factores como el mal manejo de basuras, la alcaldía respectiva expone a la comunidad a vivir con estos desechos acumulados en las calles o en las inmediaciones de sus residencias: “Floridablanca, Santander, estuvo más de diez días con la basura acumulada en la calle”. No se tomaron medidas correspondientes sino hasta la urgencia que la situación precisaba, el estado límite de las calles tuvo que hacerse presente para una intervención en busca de mitigar los daños irreversibles.
Las palabras del presente