UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 77
Un Capitán de Quince Años
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-Algún presentimiento debe de haber invitado a estos insectos a abandonar el
hormiguero. Y esto no lo hacen sin algún motivo. Seguramente intuían algún
inminente peligro...
Las palabras del entomólogo hicieron pensar a Dick. Si era cierto que el secreto
instinto había advertido a los insectos de un próximo peligro, era evidente que el
tal peligro podía planear ahora sobre sus cabezas.
-Esos admirables insectos -continuó el primo Benedicto, sin preocuparse de saber
si le escuchaban-, pertenecen al maravilloso orden de los neurópteros y se
caracterizan por tener cuatro artejos en los tarsos y mandíbulas córneas de un
vigor notable. Los que han construido este hormiguero pertenecen al grupo de los
belicosos y hasta ahora sólo habían sido vistos en África.
-Pero aquí no estamos en África -interrumpió Tom apresuradamente.
-No, no, desde luego -respondió el profesor-. Por eso entusiasma tanto su
hallazgo. Seré el primero que habré descubierto en América una mosca tsé-tsé y
una hormiga termita. La memoria que redactaré causará sensación en la Europa
científica.
Pronto la linterna fue apagada y un profundo silencio se hizo entonces en el
interior del hormiguero.
En aquel momento, Dick sintió que una mano se apoyaba en su hombro y que una
voz conmovida murmuraba en su oído:
-Lo sé todo, querido Dick. Pero Dios puede aún salvarnos. ¡Cúmplase su voluntad!
Era la señora Weldon quien había hablado.
Mientras tanto, la tormenta henchía el espacio de relámpagos y truenos, y la lluvia
caía sin cesar.
El joven se sintió resignado al comprobar que la valerosa mujer no desesperaba.
Pensó que tal vez era mejor que supiese la verdad de la situación.
El joven deseaba que llegase el día para observar los alrededores. Era preciso
encontrar un río tributario del Atlántico para seguir su curso y evitar así el
encuentro con los indígenas, que a buen seguro habrían sido enviados ya en su
persecución por orden de Harris y Negoro.
Pero no entraba luz en el interior del cono por el orificio inferior. Pensó, pues, que
sería mejor abandonarse al descanso, ya que una especie de sopor le iba adorme-
ciendo.
Sin embargo, antes de hacerlo creyó que alguien debía vigilar para evitar que al
empaparse el montón de arcilla superpuesto sobre el piso, obstruyese el agujero
por donde penetraba el aire.
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