UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 18
Un Capitán de Quince Años
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espectáculo bastante curioso. Las aguas del mar se habían vuelto de un color
rojizo, casi de repente. Parecía que acababan de teñirse de sangre.
La señora Weldon llamó al grumete.
-¿No ves que tinte más particular han tomado las aguas? -le preguntó-. ¿A qué es
debido?
Dick sonrió y explicó que aquel tinte lo producían mi les de crustáceos que, por lo
general, sirven de alimento a los grandes mamíferos.
-Los pescadores -añadió el grumete-, llaman a esto "comida de ballena".
-Pues son tan pequeños estos crustáceos -comentó la señora Weldon-, que casi
podrían llamarse insectos de mar.
El capitán Hull, que había acudido a la reunión, exclamó:
- ¡Aquí hay comida de ballena, y esto es muy interesante! Indica que no sería raro
que viésemos alguna.
Como si fuese para dar la razón al capitán, resonó en aquel instante la voz de un
marinero que se encontraba en la proa.
- ¡Una ballen a a babor!
El capitán Hull, impulsado por su instinto de pescador, se precipitó hacia el castillo,
seguido por la señora Weldon, Jack, Dick e incluso el primo Benedicto.
A una distancia de cuatro millas, un hervidero indicaba que un gran mamífero
marino se movía en medio de aquellas aguas rojizas.
Era mucha todavía la distancia para poder reconocer a qué especie pertenecía
aquel mamífero, puesto que las mismas son varias. Sin embargo, unos balleneros
no podían despreciar aquella presa.
-Si fuese una ballena propiamente dicha -comentó el experto capitán-, su surtidor
sería de menor volumen y al mismo tiempo más alto. Además, el ruido de este
surtidor también revela una naturaleza peculiar. ¿Qué opinas tú, Dick?
-Si no me equivoco y teniendo en cuenta que el surtidor contiene más agua que
vapor condensado, y considerando también la violencia del chorro, creo que se
trata de una jubarte.
-Efectivamente; no hay duda; es una jubarte lo que tenemos ante nuestros ojos -
corroboró el capitán.
-Con su captura -comentó el jefe de la tripulación- obtendríamos en pocas horas la
mitad de los 200 barriles de aceite que nos faltan.
-Sí, sí... En efecto -murmuró el capitán.
Varios marineros, subidos en las flechas de los obenques del trinquete, exhalaban
gritos de codicia y todos los hombres de la tripulación se animaban al contemplar
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