UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 17
Un Capitán de Quince Años
www.infotematica.com.ar
V
UNA BALLENA A LA VISTA
El incidente constituyó el tema principal de las conversaciones de toda la
tripulación, y muy en particular de las que mantenían la señora Weldon, el capitán
Hull y Dick Sand. A este último le inspiraba una gran desconfianza el cocinero
Negoro, cuya conducta, sin embargo, no merecía el menor reproche. Dingo
pasaba por un perro que sabía leer y acaso también escribir, y que si no hablaba
era porque tal vez tenía buenas razones para callar.
-Si las cotorras hablan -comentó un marinero- ¿por qué no puede hacerlo un
perro?
El experimento de los dados se repitió varias veces y Dingo, sin la menor
vacilación y sin un error, siempre escogía las letras S y V, por más que los dados
estuviesen mezclados muy bien.
El único que no daba importancia a aquella experiencia era el primo Benedicto,
quien hacía constar que son muchos los animales que, llevados de su instinto,
ofrecen ciertas particularidades que se confunden con la inteligencia. Tales, las
ratas que abandonan el barco que está a punto de hundirse en alta mar; el castor,
que sabe prever la crecida de las aguas y construye diques para protegerse, y los
mismos insectos, cuya organización supera la de muchas sociedades.
Es lógico que Negoro no participase del entusiasmo que a los demás inspiraba
aquel animal. Quizá lo encontrase demasiado inteligente, pero fuese lo que fuese,
el perro demostraba una gran animosidad contra el portugués, el cual
seguramente le hubiera jugado una mala pasada de haberse atrevido a
enfrentarse con él.
El cambio en las corrientes atmosféricas que el capitán esperaba con tanta
impaciencia, se produjo el 10 de febrero, cuando el viento del Norte empezó a
soplar con fuerza. Sólo hacía diecinueve días que habían abandonado el puerto
de Auckland y el retraso no era mucho para pensar que, con un viento adecuado,
la Pilgrim, de buen velamen, debía recuperar con facilidad el tiempo perdido.
Se encontraban entonces en una parte del Pacífico siempre desierta y en una
latitud raramente frecuentada por los navegantes. Los balleneros de los mares
australes no se disponían aún a franquear el trópico, y si la Pilgrim se encontraba
en aquel lugar se debía a las circunstancias que la habían obligado a regresar a
América antes de que finalizase la estación.
La señora Weldon, que se encontraba paseando por la popa, se dio cuenta de un
17