UN CAPITAN DE 15 AÑOS Un capitán de15 años | Page 110

Un Capitán de Quince Años www.infotematica.com.ar descansar. A partir de entonces, todos los días, Dick se aproximaba a una u otra orilla y desembarcaba para explorar las proximidades del río con el fin de renovar el alimento. Cogía algunos vegetales comestibles y cuando le era posible procuraba cazar alguna pieza, aun a sabiendas de que la detonación del fusil podía dar lugar a ser localizados. Uno de aquellos días en que Dick estaba solo en tierra, disparó contra un caama cuyos cuernos aparecían por encima de un tallar. El animal, alcanzado por la bala, se desplomó, pero cuando el grumete iniciaba la marcha para recogerlo, surgió a treinta pasos de él un formidable cazador que, sin duda alguna, iba a reclamarle la presa, demostrando que no estaba dispuesto a renunciar a ella. Dick Sand quedó petrificado en el sitio. Ante él estaba un león de gran tamaño, de los que los indígenas llaman "karamos". Era una bestia formidable. El león había apresado entre sus enormes garras al caama, que con vida aún, se estremecía chillando bajo las patas del feroz animal. Dick Sand no había tenido tiempo de cargar de nuevo el arma, cosa que no pudo hacer entonces porque el león, que lo había visto, le miraba fijamente. El grumete recordó que en casos semejantes lo mejor era guardar una inmovilidad absoluta. Por eso, dueño de sí, no hizo ningún movimiento. No trató de huir ni de introducir un nuevo cartucho en el fusil. El león vacilaba no decidiéndose ni por la presa que se movía ni por la que no se movía. Así transcurrieron dos minutos. La fiera contemplando a Dick y éste mirando al león sin mover siquiera los párpados. Seguro era que si el caama no se hubiera retorcido entre las garras del león, el joven grumete estaría perdido. Pero, por fin, abriendo el león sus soberbias fauces, cogió entre sus dientes al caama y se lo llevó hacia el interior del tallar. Dick Sand no se movió durante algunos instantes más. Después se retiró lentamente y fue a reunirse con sus compañeros a los que nada dijo del peligro que había atravesado. En su larga peregrinación, los fugitivos habían podido darse cuenta de que en algunas depresiones del terreno existían indicios de antiguas aldeas, ahora deshabitadas. Aquello les hizo suponer que en el momento menos pensado pudieran aparecer indígenas, entre los cuales eran de temer unos salvajes cuyas tribus vivían bajo tierra en algunas comarcas bañadas por los ríos. 110