UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Seite 82

contra un muro y cogió el pico. Lo acarició delicadamente y le quitó el papel que lo envolvía. Arrancó la etiqueta pegada en el hierro, agarró la herramienta por el mango, ensayó dos veces para encontrar la posición exacta de las manos y, para probarlo, dio tres o cuatro golpes en el aire. Luego, con la sonrisa en los labios, lo dejó en el suelo. Después le tocó el turno a la pala, a la que dio un trato semejante. Terminada la ceremonia, manchó un poco las herramientas con tierra para quitarles su aspecto de nuevas. Las agarró con fuerza, se las echó a la espalda y