contra un muro y cogió el pico. Lo
acarició delicadamente y le quitó el
papel que lo envolvía. Arrancó la
etiqueta pegada en el hierro, agarró la
herramienta por el mango, ensayó dos
veces para encontrar la posición exacta
de las manos y, para probarlo, dio tres o
cuatro golpes en el aire. Luego, con la
sonrisa en los labios, lo dejó en el
suelo.
Después le tocó el turno a la pala, a
la que dio un trato semejante. Terminada
la ceremonia, manchó un poco las
herramientas con tierra para quitarles su
aspecto de nuevas. Las agarró con
fuerza, se las echó a la espalda y