UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 81

mientras se acercaba al peón caminero, y se detuvo en actitud interrogante. —Vengo por un pico —dijo Rafistole. Y añadió—: ¡Ah!… y también una pala. El otro dio la media vuelta maquinalmente y desapareció por entre un montón de regaderas. Volvió en seguida con las herramientas pedidas. Venían envueltas en unas tiras de papel marrón, y cada una tenía una gran etiqueta verde. Rafistole pagó, cogió cuidadosamente las herramientas y salió. Una vez fuera, dio algunos pasos; y cuando estuvo seguro de que no le podía ver el tendero, se paró, dejó la pala