UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | 页面 80

diversos, algunos de utilidad dudosa, pero cuyo aspecto nuevo, a propósito para atraer la clientela, era lo único que justificaba su presencia. Una segadora de césped, una bicicleta, cuchillos, cacerolas, un mueble de cocina… Al entrar en la tienda, la puerta agitó una campanilla que no paró de sonar. Rafistole esperó en aquella semioscuridad. Miraba unos sobrecitos de semillas cuyas flores, presentadas muy favorecidas, formaban un jardín de papel sobre las paredes de la tienda. El tendero, vestido con un guardapolvos gris, apareció en un rincón. Se iba quitando las gafas