UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 67

En aquel momento, el gordinflón estaba sacando brillo a varios objetos de cobre, así como a los grifos de la cerveza de barril. Acompañaba, silbando, la musiquilla del acordeón. Pero tan desaliñadamente, que a veces parecía como si hubiese una segunda voz. Cuando se hartó de aquella música, se dirigió lentamente hacia el aparato de radio, movió los botones pasando sucesivamente de un concierto clásico a informaciones, a un discurso de la Asamblea Nacional y a la retransmisión de un partido de tenis. Después de un enorme guirigay de interferencias, por fin se decidió a dejar la interviú que