UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Página 59

dejado en el camino Mathieu, y vio que la rueda delantera estaba torcida. Soltó un taco, más que nada porque le dolía el brazo. Pronto sería la hora del relevo de la tarde; estaba preguntándose cómo iría a su casa, cuando se dio cuenta de que en la pendiente, un poco más abajo de donde él estaba, unos matorrales se movían sospechosamente. Abandonó su vehículo, cuyo timbre sonó al chocar con las piedras del suelo, y bajó una veintena de metros para ver qué era aquel misterio. El misterio se llamaba Raclot y Grisón. Los dos chicos habían subido al acabar la escuela, para probar suerte en