Desde un lugar desconocido,
probablemente situado bastante lejos,
dentro de la zona, se elevó hacia el cielo
un inmenso chorro blanco en medio de
un ruido de vapor a presión que rodó
toda la superficie del siniestro con un
polvo blanco que apagó el fuego en unos
segundos. Y luego se produjo un silencio
sepulcral.
Instantes después, la gente se
dispersó. Dos compañías de soldados
acamparon en el lugar, que tenía como
único decorado los árboles calcinados.
BEAURAS recogió la bici que había