el juego del escondite con los
gendarmes. Cuando el cabo los
reconoció no estaba para amenazas y se
contentó con un suave sermón:
—Tú —le dijo a Grisón—, ayer ya
tuve el placer de tu visita. En cuanto a ti,
Raclot, a ti te conozco, igual que a tus
padres… ¿Estamos? Así que veníais a
ver Epnoi de cerca, ¿verdad? Pues bien,
subid conmigo que os lo voy a enseñar.
Y ante las caras boquiabiertas de los
chicos, sorprendidos al ver la mitad del
bosque carbonizado, soltó la carcajada:
—¡Ja, ja, ja! Ahora será más fácil
infiltrarse en la zona, ¿verdad? ¡Ja, ja,
ja! Pues no, señor… mirad por aquí…