UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Seite 60

el juego del escondite con los gendarmes. Cuando el cabo los reconoció no estaba para amenazas y se contentó con un suave sermón: —Tú —le dijo a Grisón—, ayer ya tuve el placer de tu visita. En cuanto a ti, Raclot, a ti te conozco, igual que a tus padres… ¿Estamos? Así que veníais a ver Epnoi de cerca, ¿verdad? Pues bien, subid conmigo que os lo voy a enseñar. Y ante las caras boquiabiertas de los chicos, sorprendidos al ver la mitad del bosque carbonizado, soltó la carcajada: —¡Ja, ja, ja! Ahora será más fácil infiltrarse en la zona, ¿verdad? ¡Ja, ja, ja! Pues no, señor… mirad por aquí…