Los árboles crujían, inflamados
como antorchas. Chazal había cogido
una rama y la agitaba como intentando
conjurar así el siniestro. Méchalot
corría
en
todas
direcciones,
tartamudeando, y Beauras cogió su bici
para ir a pedir auxilio.
Desgraciadamente, al bajar por el
camino Mathieu hizo un movimiento
brusco y se cayó de su cacharro en
medio de una nube de polvo. Se levantó
dolorido, agarrándose con la mano
derecha el brazo izquierdo lesionado, y
vio enfrente, a menos de doscientos
metros, las llamas que lamían las
primeras hierbas de la pradera en un