UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 51

beaujolais [1] para acompañar su queso, estaba dispuesto a beber poco; entre otras cosas porque no tenía que devolver la botella. Su parienta, así la llamaba él, le registraba el zurrón cada tarde, y desde luego no era cosa de confesarle esta pequeña debilidad. La botella vacía iría, pues, a reunirse con sus hermanas, en un hoyo cavado para este menester hacía ya mucho tiempo. Terminaron la comida de mediodía con unos pasteles que había llevado Chazal, y se acomodaron para la siesta sobre una roca lisa que dominaba los alrededores y desde la cual ningún