beaujolais [1] para acompañar su queso,
estaba dispuesto a beber poco; entre
otras cosas porque no tenía que
devolver la botella. Su parienta, así la
llamaba él, le registraba el zurrón cada
tarde, y desde luego no era cosa de
confesarle esta pequeña debilidad.
La botella vacía iría, pues, a
reunirse con sus hermanas, en un hoyo
cavado para este menester hacía ya
mucho tiempo.
Terminaron la comida de mediodía
con unos pasteles que había llevado
Chazal, y se acomodaron para la siesta
sobre una roca lisa que dominaba los
alrededores y desde la cual ningún