El jueves 22 de marzo de aquel año,
hacia las 10,30 de la mañana, el cabo
Beauras, de cuarenta y cinco años,
casado, padre de tres hijos, se preguntó
por qué tendría que vigilar él la zona, y
qué demonios podría haber ahí dentro.
Ésa fue su primera falta profesional…
CHAZAL no rehusó el chato de tinto que
le ofreció su cabo. Al contrario, se fue
por él a una velocidad que daba gusto
verle. A su jefe, eso le halagó. Méchalot
también bebió, pues el vino le iba que ni
pintado para su bocadillo de salchichón.
Beauras, que había llevado aquel