Y los tres que terminaban la guardia,
haciendo gestos amistosos, se marcharon
sin perder un instante; pues también
ellos, sin habérselo confesado nunca a
los otros, echaban una carrera, aunque
en sentido contrario.
Beauras los vio marcharse. Sus tres
siluetas, balanceándose de pie sobre los
pedales de sus vehículos, resaltaban
claramente sobre la arena amarilla del
camino, debido al azul oscuro de los
uniformes.
—Va a ganar Filoche —pensó el
cabo, viéndoles correr—. ¡Es bueno ese
Filoche! Además, es el cabo…
Luego ordenó a Chazal y a Méchalot