UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | 页面 45

Y los tres que terminaban la guardia, haciendo gestos amistosos, se marcharon sin perder un instante; pues también ellos, sin habérselo confesado nunca a los otros, echaban una carrera, aunque en sentido contrario. Beauras los vio marcharse. Sus tres siluetas, balanceándose de pie sobre los pedales de sus vehículos, resaltaban claramente sobre la arena amarilla del camino, debido al azul oscuro de los uniformes. —Va a ganar Filoche —pensó el cabo, viéndoles correr—. ¡Es bueno ese Filoche! Además, es el cabo… Luego ordenó a Chazal y a Méchalot