jadeando, y le dijo a Beauras que venía
detrás:
—¡Hoy he ganado yo! Le he sacado
diez segundos.
—Sí, pero en la clasificación
general le llevo por lo menos cinco
minutos de ventaja. En cuanto a
Chazal… ¡en la cola como siempre!
En efecto, el otro gendarme llegó
con dos buenos minutos de retraso sobre
el vencedor de la etapa. En cada relevo
de la guardia, para amenizar un poco la
jomada, los tres echaban una carrera. El
vencedor del mes pagaba una ronda de
vino. Invariablemente, siempre era
Beauras el que, a pesar de sus cuarenta y