UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 41

Chevanelle —a lo largo de cientos de hectáreas— hasta Saint-Agrève, e incluso más allá. Los patos y las ocas venían a divertirse en el Criarde, bastante estrecho y sinuoso a su paso por entre las casas de Courquetaines, aunque, de vez en cuando, era más ancho y tranquilo en el campo. Este riachuelo debía de nacer en algún lugar dentro de la zona, puesto que salía directamente del bosque de Epnoi en el que había excavado un hermoso y pequeño vallecito lleno de hojas muertas. El gendarme Méchalot llegó el primero al puesto de guardia, sudando y