UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 40

Incluso la misma gendarmería no tenía derecho más que a una pequeña franja de tierra de unos cien metros de profundidad, dentro del bosque, para realizar su vigilancia. De lo que hubiese más allá, no se sabía absolutamente nada. Hacía muy buen tiempo, incluso calor, en este segundo día de primavera. Daba gusto ver de nuevo los primeros pájaros migratorios. En los prados se podían oír los cencerros de los rebaños de vacas que salían a pastar durante todo el día. Dentro de unas semanas, los corderos se concentrarían en la región para invadir las colinas, desde la