Los tres hombres se dirigieron al
mostrador. Su victoria sobre la mosca
había puesto al cabo de buen humor:
—¡Una ronda para todos! —gritó—.
Pago yo.
LOS CHICOS , al ver llegar al cabo
Beauras,
se
habían
alejado
prudentemente de la puerta del café de
la
Clique,
donde
regularmente
celebraban consejo, para deambular por
la calle Fer-à-chaud, que desembocaba
en el lavadero público.
El
lavadero era una gran
construcción, levantada sobre pilares a