—¿Una mosca? —dijo el cabo con
una sonrisa incrédula.
—Sí, una mosca, una mosca —
afirmó Robert.
—Sí, señor, ha sido una mosca —
añadió Rafistole—. Estaba en el espejo,
Robert le dio un servilletazo… y se
cayó el espejo.
Beauras vio la servilleta en la mano
de Robert. Por otra parte, la mosca
revoloteaba con su horrible zumbido de
molinillo de café. El cabo tuvo que
admitir que le habían dicho la verdad.
—¡Ya! Ha sido una mosca —dijo
casi defraudado. Y como la mosca en
cuestión, en un acto de imprudencia, se