UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 27

periódico doblado que llevaba en la mano. Luego se acercó a los dos hombres, se percató de los restos brillantes esparcidos por el suelo y sobre las mesas, y dijo apuntando a Rafistole con la punta de su periódico, enrollado como una porra: —¡Otra vez está este hombre borracho! La mosca sobrevolaba la catástrofe, como un avión que volviese para comprobar que su bombardeo había surtido efecto. —Esto… No ha sido él… Ha sido una mosca —balbució Robert, apenas repuesto de su estupor.