UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Seite 25

ella con una servilleta en la mano. Hacía grandes aspavientos, y la mosca zumbaba a su alrededor, cuidándose de quedar fuera de su alcance. Robert, exasperado, comenzó a soltar sus tacos más típicos. La mosca se alejó de la zona del mostrador, atravesó el local y se posó sobre el gran espejo, un metro más arriba de la cabeza de Rafistole. —¡Encima va a llenar todo de cagaditas!… —gruñó Robert. Y atravesó él también el local, pero con cuidado para no espantar al insecto y, acercándose de puntillas desde la mesa donde Rafistole observaba con la mirada vacía en los visillos que tapaban