UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Seite 24

concedía gratis el alojamiento en una vieja casucha a la salida del pueblo, que nunca hubiera podido alquilar a nadie. Una mosca entró por la puerta que daba a la cocina, a través de la cortina de sartas de tapones, trayendo consigo un fuerte olor a pescado frito. —¡Mira, una mosca! —dijo Rafistole. —¡Qué asco! —murmuró Robert—. Apenas llega la primavera y ya vienen a… —Los chicos se han ido —comentó el peón caminero. —Mejor. Robert agarró una silla y se subió a