UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 22

labios temblando un poco, vació la mitad y lo volvió a poner sobre la mesa. —Está anocheciendo —dijo, para despejar la atmósfera. —¡Sí! —contestó Robert, arrastrando de nuevo las chancletas, que marcaban su trayectoria hacia el interruptor de la luz. La luz surgió, descolorida y polvorienta. Procedía de una bombilla solitaria cubierta por una tulipa de porcelana, y puso de manifiesto diversos objetos, como ceniceros desportillados y cajas de cerveza apiladas cerca de una puerta; y todo ello en un entorno amarillento de pintura descolorida. Unos