UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Seite 20

ventanal adornado con unos visillos opacos por tanta mugre, y de espaldas al gran espejo picado donde bailaban las postales sujetas con cinta adhesiva. Al oírle, el gordinflón de Robert dejó de mirar la calle y a los niños, giró sobre sí mismo lentamente y dio algunos pasos que resonaron en la tarima que había detrás del mostrador. Abrió un armario. Todos los ruidos se ampliaban por la falta de claridad, y se convertían en el centro de atención. Después de remover muchas botellas, sacó una de litro de vino blanco que primero desempolvó y seguidamente descorchó. Después, el hombre, arrastrando sus