UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Seite 18

satisfacción. Después sacó del bolsillo de su camisa un cigarrillo que se llevó a la boca. Y como iba a ofrecerle uno a Raclot, el jefe, éste se adelantó: —No, aquí no. No soy tan tonto como para fumar a veinte metros de la escuela; sobre todo, chaval, que mañana empezamos por la clase de moral… Jocrisse captó la indirecta y guardó sus cigarrillos. Y, como no tenía otra cosa que hacer, se rascó un pie. — ME PREGUNTO qué estarán planeando ahí —masculló Robert, el dueño del café de la Clique.