echó encima como un perro de presa.
—¡También es mala suerte! ¡Con el
tiempo que hace que…! Ni siquiera
hemos conseguido pasar una sola vez.
Debe ser algo muy gordo lo que
esconden detrás de todos esos
gendarmes… Pero no vamos a
quedamos con los brazos cruzados,
chicos… Mañana nos reuniremos de
nuevo a la salida de la escuela, ¿de
acuerdo?
El que acaba de hablar se llama
Raclot. Todos lo consideran el jefe.
Grisón insinúa, mientras tanto, una
tímida respuesta:
—Es que, si continúan pescándonos