UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 15

los caminos. El muchacho saltó por las ramas y las cercas, atravesó barbechos, saltó riachuelos, tropezó con algunos matorrales. En menos de una hora había reunido a los otros en la plaza de Courquetaines, delante del café de la Clique. —¿Y qué? —le preguntaron. —Pues que me han cogido, eso es todo. —¿Y quién demonios ha sido? —El viejo Beauras. Siempre está donde no debe. Estaba escondido detrás de un tronco de árbol. No había dado yo ni dos pasos en el bosque, cuando se me