UN AGUJERO EN LA ALAMBRADA | Page 14

—¡Oh, no, señor! ¡No le diga nada! —Ya veremos —respondió el cabo dejando entrever una sonrisa—. ¡Venga, fuera! ¡Lárgate! ¡Sal pitando! Y que no te vuelva a ver por aquí cerca, ¿entendido? Grisón salió corriendo. Hay que reconocer que la historia de las fresas era una excusa de lo más tonta. Era una locura querer engañar al cabo con semejante pretexto. En fin…, mala suerte haber caído en sus garras. Después de haber dejado el sendero, justo al llegar a la zona, habría sido mejor esconderse en la maleza y, así, correr menos riesgos. Da la impresión de que los gendarmes solamente vigilan