—Nadie —dijo por fin— nadie,
muchacho, te ha dicho que vengas aquí a
coger fresas. No es verdad. —No,
señor, pero me he perdido…
—Es grave perderse en la zona
prohibida. —No lo he hecho adrede,
señor.
—¿Qué no lo has hecho adrede? ¡Y
lo dices tan tranquilo! Eso no es una
razón. En primer lugar, aquí no hay
fresas. Y menos en invierno.
—Ya estamos en primavera, señor.
—Sí, ya lo sé, desde esta mañana.
Pero eso no cambia las cosas. Y,
además, deja de contestarme así o le voy
a decir dos palabras a…